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Prolapso uterino

¿Qué es el prolapso uterino?

Descripción

El prolapso uterino se refiere al desplazamiento del útero por debajo de su nivel normal. A menudo, el prolapso del útero se combina con la omisión de la vagina. En este caso, la omisión vaginal puede observarse por separado, pero a menudo precede al prolapso del útero.

Cusas del prolapso uterino

Las causas del prolapso uterino pueden ser:

– Anomalías congénitas del suelo pélvico.
– Actividad física pesada.
– Insuficiente protección del perineo durante el parto.
– Hinchazón del perineo.
– Pérdida rápida de peso.
– Parto tardío, cuando la edad de la mujer es superior a los 35 años.
– Cuidados de manera inadecuada de la mujer parturienta.
Uso de ayudas obstétricas durante el parto, como por ejemplo, fórceps obstétricos, extracción por vacío y otros.
– Predisposición genética.

Síntomas del prolapso uterino

Los síntomas principales en la “pérdida del útero” son dolores frecuentes, así como una sensación de pesadez en la parte inferior del abdomen. Una mujer puede estar molesta por dolores en la región lumbar, con trastorno urinario y trastorno de las heces (estreñimiento frecuente).

También se puede sentir dolor a la ora de orinar, así como incomodidad (o dolor) cuando mantiene relaciones sexuales.

Diagnóstico

Si se sospecha una pérdida del útero, se toman las siguientes medidas de diagnóstico:

Examen ginecológico con examen vaginal bimanual obligatorio. Con el examen ginecológico, el médico determina el tamaño del útero, el cuello uterino, los ovarios, la condición del aparato ligamentoso del útero y otros indicadores.
– En algunos casos puede realizarse un cateterismo vesical.
– Examen rectal.
– Examen de ultrasonido de órganos pélvicos.

Tipos de enfermedad

El prolapso uterino puede ser completo o incompleto. Con la pérdida incompleta del útero, el cuerpo del útero permanece dentro de la vagina. Con la pérdida completa del útero, todo el útero se encuentra totalmente fuera.

Acciones de la paciente

Si se sospecha una pérdida del útero, se debe consultar a un ginecólogo.

Tratamiento

Cuando hay prolapso uterino, se prescribe una terapia de dieta que consiste en reducir la cantidad de alimentos grasos y proteicos. El paciente debe comer una cantidad suficiente de verduras, frutas y cereales. El uso de sal de mesa debe reducirse a 2-3 gramos por día.

A la paciente se le prescribe un tratamiento fisioterapéutico (aplicación de corrientes de baja frecuencia en el área del suelo pélvico) y ejercicios de fisioterapia.

Cuando se desplaza el útero, se usan pesarios vaginales, anillos especiales que se insertan en la vagina y sirven de sostén.

Se debe intentar evitar una actividad física intensa, así como el estreñimiento, en la medida de lo posible.

Con el prolapso del útero, se puede usar un tratamiento quirúrgico:

– Instalación de un lazo sintético debajo de la uretra, que ayuda a prevenir la incontinencia urinaria.
– Cirugía plástica de las paredes de la vagina. La esencia de esta operación es eliminar parte de la pared vaginal, de modo que la vagina vuelva a la posición fisiológica normal.
– Instalación de redes sintéticas especiales debajo de los músculos y su fascia con el fin de fortalecer el suelo pélvico. Por lo tanto, se crea un soporte artificial de los órganos pélvicos, lo que ayuda a mantenerlos en una posición fisiológica.
– Amputación del útero. La operación se realiza con la pérdida completa del útero en mujeres en la menopausia.

Complicaciones

El prolapso uterino puede conducir al desarrollo de las siguientes complicaciones:

Enfermedades inflamatorias de los órganos genitales y del tracto urinario.
– Imposibilidad de embarazo.
– Excesos del uréter y la vejiga (desarrollo de cistitis, pielonefritis, urolitiasis e insuficiencia renal crónica).
Incontinencia urinaria y trastorno de la micción.
– Dolor o incomodidad durante el acto sexual.

Prevención

La prevención del prolapso uterino se reduce a la observación de las recomendaciones siguientes:

– Control de peso corporal.
– Nutrición equilibrada con restricción del consumo de alimentos grasos y fritos.
Realización de ejercicios especiales para fortalecer los músculos pélvicos.
– Chequeos regulares con un ginecólogo;
– Masaje pélvico.
– Tratamiento oportuno de enfermedades infecciosas e inflamatorias.
Eliminación de la actividad física excesiva.


 



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